Septiembre hoy se nos fue y comenzamos más de lleno la recta final del año.
Este "mes patrio" de México (y de otras naciones como casi todas las de Centroamérica) nos dejó en particular una escalofriante muestra de cómo la clase política está decidida a seguir intereses particulares en lugar del bien de la nación.
Primero, el presidente Felipe Calderón manda al Congreso como iniciativa preferente una reforma a la Ley Federal del Trabajo; esto es, que tendría que ser discutida y sometida a votación en un lapso de 30 días, de lo contrario sería aprobada automáticamente.
Hay quienes han sugerido que es un favor que el gobierno actual le quiere hacer al entrante de Enrique Peña Nieto -que se ha mostrado muy a favor de la llamada reforma laboral- para evitar un desgaste inicial de la nueva administración.
A mí me recuerda el decidido apoyo que el Consejo Coordinador Empresarial le dio a Calderón para asustar a la población en contra de Andrés Manuel López Obrador con la famosa campaña de que el tabasqueño era "un peligro para México". Y Alejandro Poiré, secretario de Gobernación, así lo ha dado a entender al rechazar la acusación mencionada un párrafo atrás y sostener que es interés del PAN sacar adelante esa iniciativa.
Lo cierto es que PAN, PRI, PVEM (parásito dependiente del anterior) y Nueva Alianza han salido como uno en defensa de las modificaciones a esa legislación, pero sin tocar los privilegios de los sindicatos, que iban a ser sometidos a la transparencia de sus recursos. La salvaguarda de los intereses sindicales se da en gran parte gracias a que sus líderes tienen una curul en el Legislativo.
Es decir, los sindicatos están representados en el órgano que debe representar a los ciudadanos y hasta parece que, en lugar de ese deber, se dedican a lo contrario, porque finalmente hay pocos que defiendan o vean por quienes supuestamente los llevaron por la vía del voto a los recintos legislativos.
Sí, era necesario actualizar esa ley, pero sin trastocar los derechos de los trabajadores. Lo peor es que quienes se rebelan son vistos como "revoltosos", aun por aquellos a quienes les afectará directamente lo que los diputados decidieron.
El problema es que como ciudadanos no manifestamos nuestro descontento más que en pláticas y redes sociales. Me gustaría que pudiésemos ser más activos, como lo veo en países de Europa, más acostumbrados a luchar activamente por sus derechos.
Sí hubo quienes se manifestaron y hasta tomaron la tribuna para impedir la votación al vapor, pero son los menos. ¿Y acaso la solución es que todos tomemos el Congreso, como se hizo en estos días en Madrid en una protesta fuertemente reprimida por fuerzas antimotines?
Alguien respondería que castigando con el voto a quienes actuaron en contra de la voluntad popular, pero lo cierto es que los grandes partidos siguen ganando espacios importantes y acaso hay alternancia de uno a otro igual de peor, sin que haya verdaderas alternativas.
Esta situación es muestra de la necesidad de renovar nuestro sistema político, más allá de los parches que se han hecho recientemente y que han generado gran parte de esta situación, al haberse incluido en una reforma reciente la iniciativa preferente del Ejecutivo, pero dejado de lado la revocación de mandato o la reelección de legisladores.
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domingo, 30 de septiembre de 2012
Mala reforma laboral
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domingo, 28 de febrero de 2010
AMLO
Este es el acrónimo comúnmente empleado para referirse, sobre todo en titulares, a Andrés Manuel López Obrador, ex candidato presidencial, proclamado por algunos "presidente legítimo" y ex jefe de gobierno del Distrito Federal.
Encabezador de las preferencias presidenciales por meses (o años, incluso, cuando se hacían los sondeos desde mediados de la presidencia de Vicente Fox), le afectó bastante una campaña negativa que hizo el partido contrario, el PAN, junto con los empresarios que, a través de su organismo gremial el Consejo Coordinador Empresarial, hizo una campaña que lamentablemente fue exitosa. Todos fueron convencidos de que: "López Obrador es un peligro para México".
De manera que puedo afirmar, como lo hice en su momento, que Felipe Calderón no ganó la presidencia, sino que perdió AMLO pese al voto de confianza que prácticamente la mitad del país le otorgó. Era curioso ver que exactamente en la mitad del país hubo más votación por uno y en la otra mitad por el otro.
Pero aquel capital político se fue desvaneciendo con la postura intransigente hacia lo que se denominó un fraude en favor del candidato oficialista. Hubo argumentos a favor y en contra de ello.
Desafortunadamente, al no existir una segunda vuelta, no hubo manera de hacer algo más para definir mejor una elección tan cerrada. Sin embargo, pese a que el Tribunal Electoral federal determinó que Fox intervino indebidamente en el proceso electoral y que además fue evidente la violación de la ley por parte del empresariado mexicano, la elección fue validada.
La resistencia y asambleas ciudadanas se fueron radicalizando y con ello los conservadores quisieron confirmar a la población (otra vez con éxito) que tenían razón con su campaña negativa.
El problema es que el partido que encabezó la candidatura de López Obrador, el PRD, se dedicó a distruirse a sí mismo y a negar todo acuerdo o colaboración con el gobierno de Calderón, hasta ya entrado el sexenio. En vez de aprovechar su postura como segundo fuerza en el país, dejó al PRI, el antiguo partido gobernante, la oportunidad de negociar con el PAN, por lo que entre estos dos organismos se repartieron la mayoría de las comisiones importantes en el Congreso.
Aunque lamenté que no hubiera ganado la izquierda, llegué a esperar que Calderón ejercería bien su papel. En muchos sentidos ha tomado buenas decisiones, pero cada vez me convenzo más de que ya perdió el rumbo y/o el control del país, o que sigue actuando en base a conveniencias (ante todo el apoyo que tuvo contra AMLO, es natural que deba muchos favores).
Estando en España conocí que determinó el cierre de Luz y Fuerza del Centro, empresa energética pública que operaba en números rojos y a merced del Sindicato Mexicano de Electricistas, una de muchas organizaciones gremiales que deberían transformarse radicalmente para no ser un lastre para sus representados y el país en general.
Eso estuvo bien, aunque el mismo SME denuncia que siguen impunes peces gordos que han provocado quebrantos en la Comisión Federal de Electricidad, la mayor empresa de energía eléctrica de México.
Pero sobre todo ¿por qué no se hace algo con los demás? Como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que sigue con mucho poder, pero sin mejora para sus agremiados, sólo para sus dirigentes, iniciando por su líder nacional, Elba Esther Gordillo, que hasta partido fundó (Nueva Alianza) y que incluso llamó a gobernadores del PRI a apoyar a Calderón, según conversaciones telefónicas que se dieron a conocer. En este sentido, no se vislumbra un cambio, por más necesario que sea, para eliminar un poder fáctico y antidemocrático.
Además, la guerra contra el crimen organizado está siendo un desgaste continuo de nuestras fuerzas armadas y de la tranquilidad de la nación. Pese a todos los buenos programas federales, el número de pobres en México sigue en aumento, y no necesariamente se lo podemos achacar a la crisis económica reciente.
El problema de un gobierno de derecha es que deja de ver a los más desprotegidos y los llega a considerar un estorbo para el progreso nacional. El problema de México es que no tiene una buena izquierda, que pueda ser confiable y superar las rivalidades entre grupitos en busca de un bien común (como tampoco los partidos entre sí por el bien del país).
Hay muchas cosas que se pueden discutir sobre AMLO y sus colaboradores, pasados y actuales. Nadie es completamente bueno y debemos ser siempre críticos con los gobernantes o quienes pretendan serlo.
Pero ante cualquier cuestión ideológica, los argumentos más fuertes son los hechos. Estando en la Ciudad de México puedo ver todavía vigentes algunos avances sociales impulsados durante la administración de López Obrador y que son continuados por la de Marcelo Ebrard.
Por eso es comprensible que la izquierda siga gobernando ampliamente la capital del país, donde se han logrado avances sociales y civiles. Si alguna vez llegara la derecha al poder defeño, muchos de estos logros estarían en riesgo por la mezquindad y falta de visión de políticos que sólo buscan su interés personal y el de su clase.
En tanto, la jerarquía católica y algunas personas consideran que en los temas polémicos el PRD ha actuado como por capricho y revancha, sin buscar el consenso o el debate. Los extremos son malos y peligrosos.
De manera que puedo afirmar, como lo hice en su momento, que Felipe Calderón no ganó la presidencia, sino que perdió AMLO pese al voto de confianza que prácticamente la mitad del país le otorgó. Era curioso ver que exactamente en la mitad del país hubo más votación por uno y en la otra mitad por el otro.
Pero aquel capital político se fue desvaneciendo con la postura intransigente hacia lo que se denominó un fraude en favor del candidato oficialista. Hubo argumentos a favor y en contra de ello.
Desafortunadamente, al no existir una segunda vuelta, no hubo manera de hacer algo más para definir mejor una elección tan cerrada. Sin embargo, pese a que el Tribunal Electoral federal determinó que Fox intervino indebidamente en el proceso electoral y que además fue evidente la violación de la ley por parte del empresariado mexicano, la elección fue validada.
La resistencia y asambleas ciudadanas se fueron radicalizando y con ello los conservadores quisieron confirmar a la población (otra vez con éxito) que tenían razón con su campaña negativa.
El problema es que el partido que encabezó la candidatura de López Obrador, el PRD, se dedicó a distruirse a sí mismo y a negar todo acuerdo o colaboración con el gobierno de Calderón, hasta ya entrado el sexenio. En vez de aprovechar su postura como segundo fuerza en el país, dejó al PRI, el antiguo partido gobernante, la oportunidad de negociar con el PAN, por lo que entre estos dos organismos se repartieron la mayoría de las comisiones importantes en el Congreso.
Estando en España conocí que determinó el cierre de Luz y Fuerza del Centro, empresa energética pública que operaba en números rojos y a merced del Sindicato Mexicano de Electricistas, una de muchas organizaciones gremiales que deberían transformarse radicalmente para no ser un lastre para sus representados y el país en general.
Eso estuvo bien, aunque el mismo SME denuncia que siguen impunes peces gordos que han provocado quebrantos en la Comisión Federal de Electricidad, la mayor empresa de energía eléctrica de México.
Pero sobre todo ¿por qué no se hace algo con los demás? Como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que sigue con mucho poder, pero sin mejora para sus agremiados, sólo para sus dirigentes, iniciando por su líder nacional, Elba Esther Gordillo, que hasta partido fundó (Nueva Alianza) y que incluso llamó a gobernadores del PRI a apoyar a Calderón, según conversaciones telefónicas que se dieron a conocer. En este sentido, no se vislumbra un cambio, por más necesario que sea, para eliminar un poder fáctico y antidemocrático.
Además, la guerra contra el crimen organizado está siendo un desgaste continuo de nuestras fuerzas armadas y de la tranquilidad de la nación. Pese a todos los buenos programas federales, el número de pobres en México sigue en aumento, y no necesariamente se lo podemos achacar a la crisis económica reciente.
El problema de un gobierno de derecha es que deja de ver a los más desprotegidos y los llega a considerar un estorbo para el progreso nacional. El problema de México es que no tiene una buena izquierda, que pueda ser confiable y superar las rivalidades entre grupitos en busca de un bien común (como tampoco los partidos entre sí por el bien del país).
Hay muchas cosas que se pueden discutir sobre AMLO y sus colaboradores, pasados y actuales. Nadie es completamente bueno y debemos ser siempre críticos con los gobernantes o quienes pretendan serlo.
Pero ante cualquier cuestión ideológica, los argumentos más fuertes son los hechos. Estando en la Ciudad de México puedo ver todavía vigentes algunos avances sociales impulsados durante la administración de López Obrador y que son continuados por la de Marcelo Ebrard.
Por eso es comprensible que la izquierda siga gobernando ampliamente la capital del país, donde se han logrado avances sociales y civiles. Si alguna vez llegara la derecha al poder defeño, muchos de estos logros estarían en riesgo por la mezquindad y falta de visión de políticos que sólo buscan su interés personal y el de su clase.
En tanto, la jerarquía católica y algunas personas consideran que en los temas polémicos el PRD ha actuado como por capricho y revancha, sin buscar el consenso o el debate. Los extremos son malos y peligrosos.
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