Difícilmente imaginé que me tocara estar en España en este aniversario nada agradable de una de las organizaciones terroristas más antiguas del mundo, ETA.
Legendaria y con cierto apoyo social en su momento, cuando combatió al régimen franquista y eliminó a los sucesores inicialmente designados por el propio dictador español, así como su intención de no matar civiles, aparentemente está asediada por las fuerzas de seguridad de este país y el apoyo de las de Francia, donde habían tenido su refugio.
Sin embargo, los dos días anteriores ha mostrado su fuerza en dos atentados, uno en un edificio de la Guardia Civil en Burgos y otro frente a otro de sus edificios en Palmanova, en la isla balear de Mallorca, donde consiguieron su objetivo de asesinar a dos miembros de esa corporación armada.
En el segundo, que llamó la atención mundial (lo que permitió estrenarme como corresponsal en España para Noticias MVS en México), consiguió algo que no había podido antes: víctimas mortales en las islas Baleares, lugar de veraneo de la familia real.
Triste triunfo para esta agrupación criminal que afortunadamente tiene cada vez menos adeptos (lamentablemente siempre existirán los radicalismos) y que lleva 828 víctimas en su haber, 206 de ellos guardias civiles.
Lo único bueno que consigue es la unidad de los actores políticos (pese a sus muy encontradas posiciones en gran parte de los temas de agenda y/o actualidad) y laborales (que recientemente se han enfrentado por falta de acuerdos), en su condena al terrorismo.
Ya el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, alertó de la posibilidad de nuevos ataques, ¿qué pasará en esta fatal efeméride o los días siguientes? ¿Hasta cuándo seguirá todo esto?
Por lo pronto, al mediodía en prácticamente todos los municipios de España se rindieron minutos de silencio por las víctimas en Mallorca y como mensaje de condena al terrorismo.
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jueves, 30 de julio de 2009
50 años de ETA
Etiquetas:
ETA,
terrorismo
miércoles, 11 de marzo de 2009
11-M
Han pasado cinco años de que España viviera horrorizada su peor atentado terrorista en su historia: 191 muertos y dos mil 62 heridos, tras la explosión de 10 artefactos en cuatro trenes de Cercanías (que recorren distancias medias entre la ciudad y sus suburbios), en las estaciones madrileñas de Atocha, Santa Eugenia y el Pozo del Tío Raimundo.
Este lustro pasó casi desapercibido por el gobierno español (lo que en México llamaríamos federal) que encabeza José Luis Rodríguez Zapatero, quien asistió a la conmemoración del hecho en el pleno del Congreso de los Diputados junto con la mayor parte de sus ministros.
Pero no realizó ningún acto especial, sino que fue la Comunidad de Madrid (que en México equivaldría a un estado de la federación) quien hizo un homenaje a las víctimas. Y aquí no estuvo ningún representante del partido de Zapatero, el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), en protesta porque Esperanza Aguirre, la presidenta regional, decidió cerrar la investigación de una supuesta trama de espionaje al interior del gobierno comunitario.
Los del PP (Partido Popular), que dirige Mariano Rajoy, quien tras el 11-M, a pesar de llevar la delantera en las encuestas hasta ese momento, perdió las elecciones frente a Zapatero, se dedicaron a criticar a los socialistas por su falta de sensibilidad y mezclar "discrepancias políticas" con la participación en este evento.
Realmente el boicot socialista es para todos los eventos, sin distingo de importancia, "en tanto no haga un gesto de mínimo respeto a la ciudadnía madrileña", en palabras de Tomás Gómez, secretario general del Partido Socialista Madrileño-PSOE, por cerrar precipitadamente la comisión investigativa sobre el supuesto espionaje, dado a conocer por el diario El País.
Así, el partidismo (que no política, como comúnmente decimos, y que se me hace impreciso o incorrecto) contamina un evento al cual parecen haberse olvidado las autoridades en general. Si bien al principio se culpó por costumbre a la organización terrorista vasca ETA, después se vio que fue obra de Al-Qaeda.
Pero el tiempo ha hecho que se sume a la lista de hechos del mismo estilo que han cobrado víctimas, que no han impedido que la vida normal continúe, pese al trauma provocado en el momento.
En este sentido, llama la atención la declaración de Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, al reprochar el olvido institucional: "sería su segunda muerte".
Entrevistada por el periódico ya citado, Manjón, quien perdió un hijo en los hechos de hace cinco años, declara que hay víctimas que no tienen dinero ni para comer, porque ya nos les interesan a las autoridades.
Con la crisis económica en la mente del gobierno y los ciudadanos, pues gracias a que ETA ha sido acosada y ha disminuido sus ataques ya el terrorismo no está tan presente en sus mentes como problema urgente, la justicia que se les debe a los afectados parece lejana.
Y como las tropas españolas fueron retiradas de Irak, conste que no de Afganistán, no hay por lo pronto amenaza de la presunta red de Osama Bin Laden a territorio español.
Para colmo, el monumento en recuerdo de las víctimas, ubicado en la estación de Atocha, donde confluyen todas las líneas de Cercanías, y cuya elección dentro de las opciones de proyectos fue polémica en su momento, se daña a cada rato debido al material con que fue construido.
¿Quedarán de esta manera, con el panorama presentado, las víctimas en un olvido cada vez mayor, para así volver a morir, como dijera Manjón? ¡Qué tristeza e indignación!
Este lustro pasó casi desapercibido por el gobierno español (lo que en México llamaríamos federal) que encabeza José Luis Rodríguez Zapatero, quien asistió a la conmemoración del hecho en el pleno del Congreso de los Diputados junto con la mayor parte de sus ministros.
Pero no realizó ningún acto especial, sino que fue la Comunidad de Madrid (que en México equivaldría a un estado de la federación) quien hizo un homenaje a las víctimas. Y aquí no estuvo ningún representante del partido de Zapatero, el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), en protesta porque Esperanza Aguirre, la presidenta regional, decidió cerrar la investigación de una supuesta trama de espionaje al interior del gobierno comunitario.
Los del PP (Partido Popular), que dirige Mariano Rajoy, quien tras el 11-M, a pesar de llevar la delantera en las encuestas hasta ese momento, perdió las elecciones frente a Zapatero, se dedicaron a criticar a los socialistas por su falta de sensibilidad y mezclar "discrepancias políticas" con la participación en este evento.
Realmente el boicot socialista es para todos los eventos, sin distingo de importancia, "en tanto no haga un gesto de mínimo respeto a la ciudadnía madrileña", en palabras de Tomás Gómez, secretario general del Partido Socialista Madrileño-PSOE, por cerrar precipitadamente la comisión investigativa sobre el supuesto espionaje, dado a conocer por el diario El País.
Así, el partidismo (que no política, como comúnmente decimos, y que se me hace impreciso o incorrecto) contamina un evento al cual parecen haberse olvidado las autoridades en general. Si bien al principio se culpó por costumbre a la organización terrorista vasca ETA, después se vio que fue obra de Al-Qaeda.
Pero el tiempo ha hecho que se sume a la lista de hechos del mismo estilo que han cobrado víctimas, que no han impedido que la vida normal continúe, pese al trauma provocado en el momento.
En este sentido, llama la atención la declaración de Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, al reprochar el olvido institucional: "sería su segunda muerte".
Entrevistada por el periódico ya citado, Manjón, quien perdió un hijo en los hechos de hace cinco años, declara que hay víctimas que no tienen dinero ni para comer, porque ya nos les interesan a las autoridades.
Con la crisis económica en la mente del gobierno y los ciudadanos, pues gracias a que ETA ha sido acosada y ha disminuido sus ataques ya el terrorismo no está tan presente en sus mentes como problema urgente, la justicia que se les debe a los afectados parece lejana.
Y como las tropas españolas fueron retiradas de Irak, conste que no de Afganistán, no hay por lo pronto amenaza de la presunta red de Osama Bin Laden a territorio español.
Para colmo, el monumento en recuerdo de las víctimas, ubicado en la estación de Atocha, donde confluyen todas las líneas de Cercanías, y cuya elección dentro de las opciones de proyectos fue polémica en su momento, se daña a cada rato debido al material con que fue construido.
¿Quedarán de esta manera, con el panorama presentado, las víctimas en un olvido cada vez mayor, para así volver a morir, como dijera Manjón? ¡Qué tristeza e indignación!
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