Las calles laberínticas, pero sobre todo la ubicación difícil de estos lugares dentro de la medina, hace que uno se pueda perder fácilmente, pero lo peor es que uno se ve rodeado de muchachos que le insisten en solicitar sus servicios como guías, de tal manera que prácticamente uno no puede continuar sin uno, pues ya teniendo uno al lado los demás le dejan en paz.
Lo impresionante es la facilidad de idiomas que manejan estos chicos, aunque digan que lo han aprendido en la escuela, la mayoría lo aprende por escuchar y tratar con los extranjeros. Lo mismo pasa con los comerciantes y los "guías" de los zocos, que más bien son vendedores netos aunque sí te dan una explicación de cómo hacen las cosas.
Este tipo de lugares de memoria histórica es un conjunto de dos mundos distintos: la medina y sus barrios antiguos, con sus monumentos, puertas, murallas, el bullicio de la gente, los turistas, los comercios; y la llamada ciudad nueva, que es como cualquier población más actual, con sus calles, parques, rotondas, transporte urbano y tráfico.
En este caso, por la ubicación geográfica en la que se encuentra la medina (se encuentra entre pequeños cerros) y debido a que preserva casi totalmente el resguardo su muralla, la diferencia es más clara que en otras ciudades, donde la urbanización más moderna ha rodeado y confinado a las medinas en un cierto lugar (Casablanca) o donde ambos mundos se entremezclan, por más división tangible que exista (Tánger, Marrakech).