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jueves, 31 de diciembre de 2009

Paso a 2010

Siempre cambiar de año implica una buena cantidad de deseos, a veces de forma mecánica, pero cuando provienen de forma sincera y de buenos amigos animan y ayudan a ver el nuevo año que comienza de una forma más positiva.

Definitivamente mi balance de 2009 es muy enriquecedor, un año que casi en su totalidad viví en España (razón por la que el subítitulo de este blog fue "Viviendo en España" hasta mi regreso a México) y en el que ocurrieron muchas cosas que impactaron positivamente mi vida.

Y aunque la mayor parte de todo ello había iniciado en 2008 con mi arribo a Europa a través de la península ibérica y el inicio del máster (que fue el motivo principal de estar allá), se consolidó este año que termina.

Lo principal, sin dar más detalles de eso, fue vivir una especie de segunda adolescencia, debido a que pude experimentar sensaciones y emociones propios de la edad donde uno se anima, arriesga e impulsa a buscar "ligues". Puede pensarse de entrada que fue por estar muy lejos, pero más que eso es que el ambiente influye mucho.

A más de esto, lo que queda son los buenos amigos que hice en Madrid, algunos de los cuales se quedaron allá (porque ya era su lugar de residencia) o también estaban de paso como yo, y se fueron a sus respectivos países, que realmente espero alguna vez visitar.

Y muchas cosas en el tintero, que por falta de tiempo no pude poner aquí y que, cuando surja algún tema relacionado, espero estarlo compartiendo en este espacio.

En lo profesional implicó hacer varias colaboraciones, modestamente puedo decir que bien recibidas, para medios mexicanos, como las revistas Milenio Semanal y Etcétera y los noticieros de radio de MVS. Eso, además de permitirme tener un ingreso extra, que me vino muy bien aunque en principio era lo menos importante, me hizo tener logros como el que mi tema fuera el principal de portada al menos en una ocasión en ambas revistas.

El final de este conteto de 365 días también ha sido muy provechoso. Mi madre pudo, a grandes rasgos, cambiar la casa que tenía por otra mejor, y deshacerse de una deuda que en lugar de terminar aumentaba y sin un desarrollo visible por una inversión más visiblemente aprovechada. Adicionalmente a eso, muchas cosas van tomando en general mejor rumbo en mi familia.

El advenimiento de mi nuevo sobrinito, el segundo hijo de mi hermana la menor, ha sido también una alegría, pese a las dificultades que ha implicado originalmente, pero que vienen siendo nada frente a la alegría de ver a un recién nacido en sus primeros días en este mundo.

Pero si dudé pasar Navidad en Zacatecas, la ciudad donde viven mi mamá y mis hermanas, menos pensé que pasaría el cambio de año también aquí. Claro que me encantaría pasarlo en Río de Janeiro, como lo están pasando ahora unos amigos del máster, o recuerdo con gusto aquel cambio a este año frente a la Torre Eiffel en París. Pero sinceramente no tengo problema con eso, pese al rechazo que me provoca esta ciudad.

Es un lugar muy bonito, incluso Patrimonio de la Humanidad por su riqueza barroca y monumentos bien conservados, que sigo disfrutando de volver a ver, pero que en general parece quedarse en el pasado en muchos sentidos o, lo que me desespera bastante, en un mediocre desarrollo o descuido. Afortunadamente veo buenas excepciones, pero por los muchos años que viví acá no puedo ser indiferente a lo demás.

En fin, sigo sin saber qué será de mi vida a partir de enero, dónde viviré o trabajaré. Pero eso es parte de la vida y de la nueva etapa que inicia desde los primeros minutos de este primer mes de 2010.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Sevilla

Últimamente este espacio se ha convertido en una especie de diario de viajes, pese a los temas planteados en mi cabeza desde un inicio y que se me han quedado en el tintero, pero es que con menos de un mes en España no me queda más que aprovechar para conocer lo más posible.

En el caso de la capital de Andalucía, fue uno de mis principales objetivos al saber que vendría a este país, ya que un tío abuelo (político, pues estaba casado con una hermana de mi abuela) era de esa ciudad, que además fue por dos siglos el único puerto autorizado para comerciar con América ("las indias").

Definitivamente Sevilla es a España lo que Guadalajara a México: su imagen hacia el mundo. Si la capital de Jalisco aporta al imaginario turístico mundial que México es mariachi y tequila, Sevilla aporta a lo español los toros y el flamenco.

Ciertamente también la andaluza es una ciudad hermosa, en buena parte producto de la bonanza comercial que le trajo esa privilegiada relación con la América española, reflejada en sus construcciones de diversos estilos, pero también de su herencia árabe.

Esto último tiene su máximo exponente en la Giralda, la famosa torre mudéjar (estilo árabe) de la catedral, una de las góticas más grandes del mundo, que era en sí mezquita principal de la ciudad y es hermana de la de la Koutibiya en Marrakech (Marruecos). De día y de noche (muy bien iluminada), domina el panorama sevillano.

Pero el estilo mudéjar también está presente en la Torre del Oro, que pese a su sencillez me resulta muy bonita; el Real Alcázar, que era el antiguo palacio árabe y que lamentablemente no conocí por dentro (pese a su belleza característica del arte decorativo musulmán); los restos de la muralla que circundaban la ciudad, la cual además conservó en general su trazado de medina, es decir, de callejuelas; las iglesias que utilizaron como base su anterior condición de mezquitas; y los típicos patios andaluces, con su decorado de azulejos.

Fuera de ello lo predominante en este lugar es el barroco. Allí vi reflejados muchos lugares de América Latina, por lo que no sé si Sevilla es la que parece a esas poblaciones latinoamericanas o si aquéllas son extensiones sevillanas. Vi similitudes de ciudad de México, Antigua (Guatemala), Zacatecas, Guanajuato, Morelia y hasta Lima (Perú), Querétaro e iglesias de Chiapas (estas últimas que aún no tengo el gusto de conocer personalmente, sólo en fotografías) en cúpulas, fachadas o toda la construcción en general de templos y palacios.

Aquí es donde más he visto en España el barroco, porque siendo la nación metrópoli que impulsó este movimiento artístico de base ideológica creo que no tiene tantas edificaciones de este estilo, como sí las hay en América y que de hecho han permitido distinguir a muchos de sus centros históricos como Patrimonio de la Humanidad (como muestra todos los citados anteriormente como ejemplo, excepto Chiapas).

La razón principal de ello (y que me gustaría tratarlo un poco más a detalle más delante, porque donde más lo he visto es en Madrid) es que muchas construcciones fueron efectuadas cuando dominaban estilos previos como el renacentismo, del cual el máximo exponente es el Archivo de Indias que, al igual que la catedral y el alcázar, es un monumento sevillano Patrimonio de la Humanidad.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Asturias

Oviedo.- Aprovechando que un buen amigo mexicano de la juventud está viviendo en esta ciudad, aproveché para venirme un fin de semana largo gracias a una buena oferta en los boletos de tren.

Me decían que la capital asturiana y la región en general eran muy bonita, y no se equivocaban. Cuando te dicen eso es un poco preocupante, puesto que puedes crearte grandes espectativas, que difícilmente corresponderán con la realidad o que provocarían un choque. Lo que hago es simplemente tratar de no pensar en eso para sorprenderme positiva o negativamente.

En este caso el resultado fue lo primero: tanto por su naturaleza como por su arquitectura, Asturias es precioso. El paisaje, una zona de más lluvias y montes boscosos, es realmente bello. Y sus edificios, con sus típicos balcones o solares, merecen ser admirados.

Eso sí, aunque arquitectónicamente hay estilos, como el gótico o el barroco, que están presentes también en otras partes del país, el paisaje urbanístico es muy diferente al de otras regiones españolas. Tiendo a hacer comparaciones, por lo que me recordó un poco al estilo de las ciudades germanas que conozco, Viena y Friburgo, por el cuidado y pintura exterior de varias de sus casas.

El estilo más particular es el prerrománico, cuyas construcciones están catalogadas como Patrimonio de la Humanidad y están repartidas en varios puntos de la ciudad (una de ellas, una iglesia en las afueras, que es la única que no conocí). Está una fuente, por la que todavía corre agua, desconozco si artificial o naturalmente, que es el único vestigio civil de ese periodo medieval, una capilla dentro de la catedral oviedense, tres iglesias y un palacio-basílica (Santa María del Naranco).

Eso no desmerece para nada los demás monumentos ya sobre todo del siglo XVI en delante, como la propia catedral, iniciada como románica y que terminó gótica, sobre todo por su torre que abiertamente tiene ese estilo.

Otra característica peculiar de Oviedo son sus estatuas por toda la parte céntrica de la ciudad. Hay Boteros, habrá una réplica de un Tamayo (prometido por la UNAM, que recibió recientemente el Premio Príncipe de Asturias) y representantes de diversos oficios, como lecheros, viajeros o pescadores.

La queja que haría es la prohibición de tomar fotografías en los principales templos (se entiende en los prerrománicos para no dañar lo poco que queda de los frescos, pero en otros se me hace injustificado), entre ellos la catedral, y que los principales recintos de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias (el teatro Campoamor y el hotel de la Reconquista) no admitan visitas turísticas en sus interiores.

A media hora en tren o autobús, es decir, realmente muy cerca, se encuentra el puerto de Gijón (Xixón en asturiano), la otra ciudad importante de Asturias junto con Oviedo y que de hecho mantiene una férrea rivalidad con la capital regional.

Esta ciudad que tiene el encanto de estar frente al mar Cantábrico, también es bonita por sus edificios antiguos, como el Palacio de Revillagigedo, o sus construcciones señoriales de finales del siglo XIX e inicios del XX, entre los que están muchos de los típicos balcones asturianos.

La comida asturiana es muy rica y abundante, aunque sus precios son numéricamente más elevados que, por ejemplo, en Madrid. Su repostería también es magnífica, con diversos panecillos dulces.

viernes, 30 de octubre de 2009

Cuenca

Aunque es muy bonita y está distinguida con el rango de Patrimonio de la Humanidad, debo confesar que desconocía la existencia de esta ciudad. Me la llegaban a mencionar como lugar atractivo a conocer cerca de Madrid.

Me encantó conocerla, pues es un fiel reflejo de la época medieval y está muy bien conservada. Su particularidad reside sobre todo en que está construida prácticamente sobre un peñón grande o loma empedrada.

Como las poblaciones importantes de la época, estar situada sobre una colina permitía una defensa natural que, sumada a la muralla circundante, la hacía difícil de conquistar. Como quiera, esta barrera fue superada y Alfonso VIII conquistó la población a los árabes en 1177.

Pero además las construcciones están sobre la misma roca, de allí que la imagen típica (y prácticamente la única que llegué a conocer en foto antes de la visita) es la de las "casas colgadas", que con su ubicación y balcones sobresalientes parecen suspendidas casi al vacío, desde una altura considerable.

En la arquitectura conquense conviven los estilos románico, gótico, plateresco, barroco y neoclásico. De hecho, su catedral es la primera gótica de España, por la cercanía de alguien de la realeza con Francia, razón por la cual recuerda un poco a la Notre-Dame parisina.

Muy bonita por fuera y por dentro, al menos lo poco que vi, pues no estuve dispuesto a pagar en el momento por entrar (podíamos explicarlo como rebeldía, pero también no tenía dinero en ese preciso momento), una plaga del turismo español (lo justifican diciendo que así es en España, y en general sí, aunque afortunadamente hay excepciones).

Un atractivo importante es el arte, tanto en el Museo de Arte Abstracto de Español, ubicado dentro de las casas colgantes y que tiene obras muy interesantes de ese género, como en los recuerdos y artesanías locales en venta para los turistas.

El arte está también presente en la naturaleza. Los montes y formaciones rocosas que rodean la ciudad (que están incluidas en la denominación de la Unesco) son peculiarmente bonitas. Pero, con la entrada del otoño, fue muy bonito ver hileras de árboles con hojas verdes y otros con hojas amarillas, además de la bonita imagen que da el río Huécar al pie de la entrada a la ciudad antigua (casco histórico), porque parece un canal de agua como los que uno ve en las imágenes de Holanda o Alemania.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Aranjuez

Quise ir a este palacio que, junto con sus jardines, es Patrimonio de la Humanidad en la categoría de paisaje urbanístico cuando todavía hiciera un poco de sol y calor para poder apreciar la naturaleza en su apogeo.

Me tardé un poco (recomiendan ir a inicios de junio, cuando apenas está iniciando el verano) pero la ocasión resultó inmejorable porque había mucha luz solar, amainada por varias nubes y lo pude aprovechar con mi ex compañera de piso brasileña, que vino de visita desde Lisboa.

Así que el recorrido fue estupendo por lo que veíamos y la convivencia que teníamos pendiente desde que el destino de nuestras prácticas del máster nos habían separado unos tres meses atrás.

De Aranjuez es de destacar el palacio real, en cierta manera más chico y sencillo que el de Madrid, pero para nuestro gusto más elegante, porque no tiene la saturación de elementos y ostentosidad de su par madrileño (curiosamente uno de los pocos palacios reales españoles que no tienen la categoría de universalida de la Unesco), por lo que sus muebles y elementos ornamentales se pueden apreciar mejor.

De entrada, su fachada principal tiene un buen contraste de colores ladrillo con cantera beige con dos bonitas cúpulas a los costados del complejo. Todo él evoca al centro de descanso de la realeza desde tiempos de los reyes católicos y que fue ampliado y mejorado por los Borbones. Una de esas cúpulas debe ser la pertenenciente a un salón árabe, decorado con el estilo que floreció en La Alhambra y Marrakech, por ejemplo, y que quedó precioso reproducido en ese recinto.

El museo se compone de los cuartos con mobiliario y decoración originales del palacio, así como de una sección denominada "la vida en el palacio" donde están exhibidos juguetes y cunas de los reyes Alfonso XII y XIII, así como los trajes del rey y los vestidos de novia de las infantas y de Letizia.

Lamentablemente el principal hecho histórico al que está relacionado este lugar es el motin que forzó a Carlos IV a abdicar a favor de su hijo, el nefasto Fernando VII, en plena época napoleónica. De allí que el propio monarca que vio perder todas sus colonias de América continental buscara ganarse el favor del emperador francés escribiéndole cartas de felicitación sobre sus victorias en la península mientras su pueblo daba la vida y se desgarraba por quien consideraba "El deseado" (hay un monumento de él nombrándolo así en el barrio de La Latina).

Los jardines, que están sobre todo en una isla formada por la unión de los ríos Jarama y Tajo, este último que baña Lisboa y desemboca al mar un poco más adelante de la capital portuguesa, son una delicia para caminar y estar un rato. En cierto sentido, me evocaron a los vieneses de Schönbrunn y Belbedere (este último sobre todo en la explanada y fuentes que tiene a un costado el palacio).

Aunque no todas las fuentes originales permanecen, porque algunas fueron trasladas a los jardines anexos al Palacio Real de Madrid, las que hay, sobre todo evocando a héroes y dioses mitológicos griegos, son también dignas de apreciar y están distribuidas armoniosamente por el conjunto.

Sorprende tanta vegetación, aunque la zona fue elegida como sitio para la instalación real por tener esos alfuentes acuíferos tan ricos, en medio de una zona medio árida, como es en general la Comunidad de Madrid, incluso unos kilómetros antes de llegar allí.

En el propio pueblo hay también notables ejemplos de arquitectura de la época, en algunos palacios, algunos de los cuales no difieren en su exterior de cualquier otra construcción antigua, y un par de templos, una capilla real, San Antonio, que por dentro es muy sencilla y otra iglesia, que domina un poco la vía principal que parte de detrás del palacio.

domingo, 9 de agosto de 2009

Milán

Cuando mentalmente hacía planes de lo que viajaría y conocería en Europa, Italia quedaba medianamente considerada, aunque muy por detrás de otros destinos, y ya con tiempo acá pensé que definitivamente no conocería esta vez ese país con el que muchos sueñan.

Pero por cuestiones de itinerario y costos, tuve la oportunidad de conocer Milán, una importante ciudad de esta nación mediterránea, aunque no la más importante en cuanto a patrimonio arquitectónico o artístico (si lo comparamos cuando menos con Roma, Venecia, Florencia, Siena, Nápoles), que fue el último destino de mi viaje de junio.

Me habían dicho que no hay nada que ver, salvo la Plaza del Duomo, el mero centro y donde se encuentra la catedral, de estilo gótico (pero por lo visto iniciada originalmente en románico) y sin campanario, que era la única referencia visual que tenía de esta población.

Sin embargo, pude apreciar allí un conjunto de los elementos que para mí caracterizarían Italia: muestras de arte renacentista, gótico, de finales del medievo, de construcciones neoclásicas, vestigios romanos (en este caso se reduce sobre todo a un arco romano que para colmo, porque siempre me toca algo así a donde voy en Europa, estaba en restauración y no lo pude apreciar bien) y hasta barroco.

Si bien sólo uno de sus monumentos arquitectónicos es Patrimonio de la Humanidad, la iglesia de Santa María de la Gracia, donde se encuentra el famosísimo cuadro de "La última cena" de Miguel Ángel, es agradable caminar por las calles céntricas de la ciudad, porque aun muchos de los edificios comunes tienen bonitos decorados renacentistas.

Por cierto, no la pude conocer porque, así como para La Alhambra en Granada, España, era necesario comprar el boleto de entrada con anticipación, pues tienen cupo limitado, lo que no venía advertido (que yo me acuerde) en la pequeña guía turística que llevaba. Pero es bonita por fuera, como hecha de puros ladrillos y con decoración y cúpula ya revestida de piedra.

Otra muestra de lo que es la nación italiana fue el costo de la comidad, en general cara aunque muy buena, y su pésimo metro, que es el peor de todos los metros del mundo que he conocido hasta ahora, principalmente por su pésima señalización de direcciones y salidas. En sí, aunque ya son algo viejos, los trenes son muy funcionales, pero cualquiera de las otras ciudades de este recorrido (Budapest, Viena, Praga) tienen mejor servicio y más moderno.

Me agobiaba un poco la referencia a que fuera la capital de la moda respecto a que todo estuviera alrededor de eso pero, muy probablemente porque no pude pasear tanto como quisiera por estarme recuperando del malestar que se había hecho presente en la etapa anterior (Praga), no vi la gran cantidad de tiendas que me imaginaba ni el derroche de glamour, pese a que generalmente los italianos iban bien vestidos, pero nada espectacular, según yo, que conozco poco de este ámbito.

domingo, 19 de julio de 2009

Viena

La capital austriaca resultó ser el reflejo del poder imperial que tuvieron los Habsburgo, una de las dinastías más influentes y antiguas de Europa en el poder, hasta el siglo XX.

Aunque sabía que mínimo algo de ello conservaría, conocerla fue una grata sorpresa tras la publicidad de belleza más fuerte que tiene la capital de la vecina República Checa, Praga. Claro, ambas son muy bonitas, cada una tiene lo suyo, pero Viena es soberbia hasta en lo más sencillo.

En este sentido, lo que me llamó más la atención es que sus grandes construcciones, salvo excepciones como la catedral, de origen gótico, pertenecen al periodo del que fue el último gran emperador austro-húngaro, Francisco José, entre finales del siglo XIX e inicios del XX.

De allí provienen algunos de los céntricos museos, las ampliaciones del céntrico Palacio de Hofburg, la Ópera, iglesias, y numerosos edificios civiles céntricos y de los alrededores. Mención especial es el Palacio de Schönbrunn (el de la foto), que por sí solo y sus jardines es Patrimonio de la Humanidad, pues también el centro histórico de Viena tiene esa distinción, aunque años después que la antigua residencia real.

Claro, todo esto construido con lo obtenido de los territorios sojuzgados, como suele ser en todo imperio, aunque ahora es, como lo indican las distinciones de la Unesco, algo para ser admirado por todo el mundo.

Este poderío también se reflejó en las artes, de donde se rescata por ejemplo la figura de Gustav Klimt, cuya obra emblemática, "El beso", se encuentra en otro de los palacios insigne, el Belvedere.

Por otro lado, estando allí recordaba continuamente las aventuras y desventuras de Marjane Satrapi, la autora del cómic autobiográfico sobre Irán Persépolis, quien pasó un periodo crucial de su vida allí. Me preguntaba por dónde viviría, si sería por donde caminaba en esos momentos, porque nunca lo indica ni da referencia en sus dibujos/escritos.

Lo que sí tenía cierto es que probablemente alguno de los tranvías que usé, que combinan tradición y modernidad (son los antiguos trenes, aunque hay unos muy modernos, pero como quiera se mueven a buena velocidad) también haya sido alguno de los que le sirvió como pequeño refugio temporal.

domingo, 21 de junio de 2009

Budapest

La capital de Hungría fue el primer destino de este viaje. Cruzada por el río Danubio, este marca diferencias entre las partes de la población que la componen, pues originalmente es la unión de tres lugares: Obuda, Buda y Pest, los dos primeros al oeste y el último al este del afluente.

Creo que una ciudad tiene un encanto adicional cuando un río la atraviesa, y es el caso de Budapest. Algunas de sus construcciones majestuosas, como el Parlamento húngaro o el Palacio Real, fueron construidos para dar su mejor vista hacia el otro lado de la corriente. Además, los puentes adquieren así una importancia que va más allá de su simple función, por la historia o la ornamentación que los caracteriza.

Arquitectónicamente, Budapest posee una gran cantidad de edificios históricos, artísticos o simplemente parte de la ambientación urbana que la hacen atractiva. La avenida Andrássy, al estilo más o menos de Campos Elíseos, es una vía con casonas majestuosas de finales del siglo XIX, además de la Ópera Nacional.

Esta desemboca en la Plaza de los Héroes, con esculturas de las tribus húngaras y que ha sido un espacio tradicional de manifestaciones político-revolucionarias de la población local. Y esta, flanqueada por dos museos de arte, todo en estilo neoclásico, es el inicio del parque Városliget, el más grande de la ciudad y que contiene un castillo que reproduce los diferentes estilos histórico-arquitectónicos del país así como otro palacete que realmente son un centro de aguas termales.

Cerca del castillo, del lado de Buda, el pequeño pueblo que hay es una belleza, con pequeños edificios bien conservados y decorados. La iglesia gótica que se encuentra allí, San Martín, cuya torre y fachada principal lamentablemente me tocaron en restauración, por lo que estaban cubiertas de andamios, es muy bonita, al menos por las imágenes que hay de las mismas en postales o fotos y lo que sí se puede apreciar a los costados y por detrás.

Aunque es una constante en Centro-Europa, me dio la impresión de que en particular a los húngaros les gustan mucho las estatuas, porque las hay en diferentes partes de la ciudad y por distintas razones de conmemoración. Pero hay algo particular en esta afición que se ha convertido en un atractivo turístico.

En lugar de tirarlas a la basura y/o fundirlas, a alguien se le ocurrió la brillante idea de conservar algunas de las estatuas y esculturas propias de la época comunista y exhibirlas en un parque en las afueras de la ciudad. El Parque Memento o del recuerdo ofrece la panorámica aislada de las piezas que dominaron en su momento el entorno urbano.

Muy al estilo que se reprodujo desde estas regiones hasta Rusia, hay algunos interesantes como arte, si se quiere ver así. Completan la muestra una pequeña exposición de carteles, música, prendedores y hasta un automóvil de la época. La decoración natural del lugar está muy descuidada, por no decir que parece abandona.

Estando aquí supe que Hungría se quedó añorando el reino que llegó a ser de manera independiente y después dentro del imperio Austro-húngaro (porque los Habsburgo eran coronados como emperadores de Austria y reyes de Hungría), pues hasta hay imanes para el refrigerador que muestran la silueta actual del país dentro de otra forma más grande; esto es, la extensión que tuvo esta parte en el imperio antes de la Primera Guerra Mundial, después de la cual éste fue disuelto y se crearon diversos estados independientes a partir de los territorios que abarcaba. Esto incluso provocó que Hungría haya batallado en las relaciones con sus vecinos que surgieron como naciones a partir de ello.

Afortunadamente esa época de esplendor no sólo se quedó en la memoria histórica, sino en la urbana, pues la mayor parte de la riqueza arquitectónica y artística se dio bajo la corona, en el siglo XIX, y que ha hecho que sea reconocido como Patrimonio de la Humanidad por conservar y reflejar incluso ahora ese periodo de esplendor.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Granada

Esta ciudad andaluza muestra ampliamente su origen o florecimiento hispano-árabe, principalmente en su monumento más importante, la Alhambra, que significa fortaleza roja y que es Patrimonio de la Humanidad.

Su centro es como un Madrid en chico: tiene su Gran Vía (en este caso de Colón, eso sí, con edificios más antiguos que los de la capital española, aunque en la confluencia de otras dos avenidas importantes hay algunos que recuerdan a esa zona madrileña), sus plazas y calles estrechas y no precisamente rectas.

Su catedral, que inició como gótica y terminó casi barroca, está encerrada entre las callejuelas y edificios circundantes, excepto por una placita que deja ver apenas el mero centro de la fachada, muy distinto respecto a América, donde en general estas edificaciones tienen junto o enfrente un espacio abierto que las haga lucirse.

En algunas callecitas céntricas se siente el ambiente comercial de las medinas musulmanas, donde abundan las tiendas de recuerdos, incluso atendidas por personas de origen árabe.

Pero todo se encarga de recordar que fue una ciudad conquistada por los Reyes Católicos. De ello dan cuenta monumentos y construcciones. El símbolo de la ciudad, que no es más que el fruto del mismo nombre, está incluso en el escudo de España porque la toma de esta ciudad fue la consolidación del reino unido de Castilla y Aragón y la expulsión del dominio moro en la península.

Sin embargo y pese a que hay muestras de la imposición de elementos castellanos dentro del conjunto de la Alhambra, como el Palacio de Carlos V, la iglesia de Santa María y algunos decorados posteriores a la conquista de la ciudad, afortunadamente se preservó la belleza original del recinto de origen musulmán.

Como en lo que vi en Marruecos, el interior es particularmente hermoso, los techos, las cúpulas y las paredes abundan en detalles, aunque me parece ahora haber visto aquí más inscripciones en árabe que otros elementos.

Lo que no fue preservado como tal fue la medina existente allí, cuyos restos son ahora vestigios arqueológicos, probablemente porque el sitio se dedicó más a ser aprovechado como palacio y fortaleza.

Los jardines son realmente bellos, tanto por el colorido natural verde y de colores de las flores, como las fuentes. Es una delicia pasearse por allí, de lo cual dan cuenta algunos poetas, como Federico García Lorca.

Por su universidad, Granada es un importante centro estudiantil, que se demuestra en la bullante vida nocturna y la tradición del "tapeo", que son la comida o acompañamiento dado junto con la 'caña' de cerveza o bebida que uno pide, que aquí es más generosa que en los lugares castizos.

Esto último fue el principal atractivo para ser elegido como destino del viaje de fin de máster, que realicé junto con algunos de mis compañeros y buenos amigos.

miércoles, 22 de abril de 2009

Marrakech

Toca el turno a esta ciudad que realmente es un encanto, tanto por las particularidades que uno encuentra en ella como las facilidades que ofrece al turista. Es una de las poblaciones con mayor afluencia de visitantes de Marruecos, por lo que ofrece múltiples servicios y opciones de comida, alojamiento y paseo.

Ha sido residencia del monarca en turno, por lo que hay un recinto real, y de hecho es la que por lo mismo ha dado el nombre al país. Su medina (casco antiguo) es grande y nombrado Patrimonio de la Humanidad.

Su plaza principal, Jema El Fna, es un colorido a la vista y al oído, puesto que allí uno puede comprar un vaso de jugo de naranja o hasta de toronja a cualquier hora del día, ver durante el día a los encantadores de serpientes y a los que tienen monos para que uno se tome foto con ellos, o cenar alguna especialidad local sencilla en cualquiera de las mesas que se instalan cada noche.

La música, el ruido y el ambiente que la distinguen han hecho que esté incluida en el Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco. Los instrumentos musicales, que en ciertas horas de la tarde dan lugar al llamado a la oración por parte de la mezquita principal, Kotubiya, cuyo alminar es hermana de la Giralda de Sevilla (fueron diseñadas por el mismo arquitecto) y las que circundan la plaza.

Además de los monumentos que están a simple vista, hay la posibilidad de conocer por dentro una antigua medersa o escuela coránica, donde puede apreciarse la riqueza de los detalles del arte hispano-árabe, ahora no sólo en las puertas, que siguen siendo hermosas y muy bien elaboradas, sino en el techo, las columnas e incluso el piso, con azulejos y diversas formas que caracterizan el decorado interior y exterior; no hay formas humanas ni animales, sólo figuras geométricas, trazos, y demás. En la exhibición de arte contemporáneo, sí había ya algunos cuadros con formas y figuras humanas y animales, pero esto es muy reciente.

En el interior de uno de estos edificios abiertos al turismo y que funciona como museo, hay un patio techado pero con música ambiental de fondo que permite a uno adentrarse en el espíritu religioso musulmán. Hay sillas y cojines donde uno puede sentarse tranquilamente.

Otras salas exhiben una colección de vestuario, adornos y hasta armas (cuchillos, pistolas, pequeñas espadas) de la región, sobre todo bereberes, una de las principales tribus de la región. En otro de los edificios de este conjunto, está la representación de los cuartos de estudio donde antaño estuvieran los educandos del islamismo.

Me faltó por conocer los famosos parques de esta ciudad, que si los exteriores que vi de algunos lugares son bellos, esos deben ser bellísimos, como lo leí en su momento. Pero por lo que conocí me encantó este lugar.

domingo, 22 de febrero de 2009

Alcalá

Desconozco si haya algún estudio o sea un estándar que pase cierto tiempo para que uno se acostumbre a una cierta realidad. Me refiero a que llevo ya casi cuatro meses en España y me di cuenta este fin de semana que estoy tan adaptado que vivo una cierta rutina.

Recuerdo a una jefa que criticaba esa palabra dentro del ámbito laboral, pero su apreciación era tan extrema que llegaba a la condenación. En particular creo que la rutina tiene sus aspectos positivos y negativos.

Es positiva en cuanto que permite a alguien ser más efectivo con una secuencia de acciones y horarios, que le permiten planear mejor la jornada. Negativa, en tanto que puede producir alertagamiento y cierto conformismo, dejar de percibir o sorprenderse por la novedad.

Por eso se ha despertado en mí un deseo de seguir conociendo Madrid, España en general, lo más posible, aprovechando el tiempo aquí. Es como echarse un poco de agua fría en el rostro, para reaccionar.

Esa fue una de las razones que me llevaron a pasear ayer por Alcalá de Henares, prácticamente un suburbio de la capital española y tierra natal de Miguel de Cervantes Saavedra, autor de "El Quijote", obra literaria que consolidó la lengua española (castellana en estos lares, para diferenciarla de otras que se hablan en el país, como el catalán, el gallego o el vasco). El "manco de Lepanto" tiene su monumento en la plaza principal, que lleva su nombre.

El casco histórico de esta ciudad es Patrimonio de la Humanidad con justa razón, pues ha sabido conservar gran parte de sus monumentos arquitectónicos e incluso ese aire de pequeña ciudad europea desarrollada después del siglo XVI, sobre todo, aunque ya el asentamiento existía desde la época romana, aunque con el nombre de Complutum.

Sede de una de las universidades más antiguas del país, que después sería trasladada a Madrid (por eso la principal se llama Universidad Complutense), pensé que la fachada de uno de sus edificios más representativos era lo más importante que ver. Sí, es muy bonito, y todo un ejemplo del arte plateresco, según tengo entendido; de hecho, la distinción de la Unesco se debe principalmente a ser el primer modelo de una ciudad universitaria de la era moderna.

Pero hay más: Alcalá preserva varios templos, que en algunos casos siguen funcionando como tales y otros forman parte de la institución de educación superior local, antiguos colegios o monasterios, que también en ciertas ocasiones son sedes de alguna facultad, edificios civiles y hasta partes bien conservadas de muralla. Y todos tienen su belleza tanto en alguno o varios detalles de la fachada, como en su antigüedad misma.

Uno de los puntos turísticos típicos es la supuesta casa natal de Cervantes, en cuyo frente están una estatua de tamaño natural de Don Quijote y Sancho Panza, los famosos personajes de su obra magistral, sentados en una banca.

Aunque el sitio obedece a una aproximación histórica de acuerdo a documentos de la época, por lo cual muchas personas la califican como mentira, es un buen ejemplo de una casa del siglo XVI, pues es sencilla en su construcción y sus cuartos están decorados a la usanza de ese tiempo en que viviría allí la familia del escritor, que después se mudaría a otras poblaciones hispanas. Allí tienen ejemplares del Quijote en varios idiomas, desde el ruso hasta el croata, vietnamita y georgiano.

Una de las particularidades de este lugar es la población de cigüeñas que viven allí, en los nidos sobre las puntas de las fachadas de las iglesias y ciertos edificios antiguos, al parecer algunos construidos por los humanos para que allí se establecieran, y que en ratos hacen oir su sonido típico, que es el castañear de su pico. ¿Será que están bien entretenidas aquí y por eso ha descendido la natalidad en España?

viernes, 30 de enero de 2009

Sintra

Estaba dejando pasar ya mucho tiempo, prácticamente un mes, sin plasmar mis impresiones de mi visita a este bello lugar de Portugal.

Sin saber de él hasta casi a punto de viajar hacia Lisboa, me parece un destino que no debe perderse quien visita la antigua Lusitania, pues queda muy cerca (tres cuartos de hora) en tren de la capital portuguesa.

Es un lugar único por la riqueza natural y arquitectónica que lo caracterizan, de tal suerte que ha sido distinguido con el grado de Patrimonio Cultural de la Humanidad en categoría mixta: quiere decir que éste incluye tanto el paisaje natural como urbano.

Y siendo invierno, como quiera el verdor se pudo apreciar en este parque nacional de considerable extensión, pese a ciertos árboles ya pelones por la temporada.

El área que comprende la denominación de la Unesco consiste en el pequeño centro histórico del municipio, donde está el edificio del Ayuntamiento y el Palacio Nacional o Real de Sintra, y las diversas construcciones a lo largo de dos caminos o pequeñas carreteras principales, entre las que destaca el Convento dos Capuchos, el Castelo dos Mouros (Castillo de los Moros) y los palacios de Monserrate y de Pena. Este último es uno de los edificios más característicos y representativos, que en su tiempo fue residencia de los reyes de Portugal, al igual que el Palacio Nacional.

Casi cada lugar importante como este tiene a la vez su propio parque aledaño, que se puede recorrer, tras pagar el respectivo precio de entrada, ya sea combinado con el acceso al edificio o nada más por los amplios jardines.

Asimismo, a lo largo de las vías principales hay varias casas que parecen salidas de cuentos, porque parecen castillitos o de plano están muy bonitas, con estilos particulares o antiguos, o ambos. A esto hay que agregar otros palacios y fuentes, mayoritariamente de estilo morisco.

A pocos kilómetros del área de todo el conjunto del parque nacional se encuentra el Cabo da Roca, que es el punto más occidental del continente europeo.

Esta villa nació como un lugar de descanso y de recreo para las élites portuguesas, tanto los propios monarcas (aunque ellos llegaron ya cuando la zona estaba comenzándose a desarrollar por los ricachones de la época) como los miembros de la nobleza. De allí que las construcciones derrochen lujos internos y externos.

Lo único malo de estas obras que ahora admiramos y disfrutamos momentáneamente es que generalmente son producto de injusticias, pues para que alguien pudiera concentrar esa riqueza que hizo posible los monumentos de allí hubo muchos pobres que carecían de al menos un porcentaje de esa 'plata'.

Por eso me encanta una canción de creación colectiva "Jesucristo, esperanza del mundo", pidiendo el advenimiento del reino de Dios, en la cual está la siguiente estrofa:
"Anhelo de un mundo sin dueños, sin débiles ni poderosos, el fin de todos los sistemas que crean palacios y pobres".

Porque todos los regímenes, sean muy capitalistas o comunistas, hacen esto, ya los primeros por acumulación de riquezas y construcciones personales, o los segundos por equiparar a todos en la misma condición de precariedad y edificar monumentos en el nombre de la población (los 'palacios del pueblo', que cundieron en las repúblicas con este régimen en el siglo XX).

(Párrafo agregado en febrero 2009)
Me encontré al respecto algo escrito por Henry David Thoreau: "La abundancia de una clase se compensa con la indigencia de la otra" (Walden o la vida en los bosques, Los Libros de la Frontera, Barcelona, p. 37)

Me despido con el coro del canto, que expresa felizmente mi deseo:
"Venga tu reino, Señor, la fiesta del mundo recrea, y nuestra espera y dolor tranforma en plena alegría. Ae, eia, aie, ae, ae."